¿Por qué se originan las maloclusiones?

La maloclusión se define como cualquier alteración del crecimiento óseo del maxilar o de la mandíbula y/o posición de los dientes que impiden una correcta función del aparato masticatorio y conlleva además, una alteración estética para el paciente.

Estudios recientes manifiestan que el 72% de los niños y adolescentes presentan un cierto grado de trastorno oclusal, siendo el 35% maloclusiones severas.

¿Por qué se originan estas maloclusiones?

Las maloclusiones pueden tener una etiología genética o bien, estar causada por factores ambientales. Respecto a la genética, poco se puede hacer para prevenirla pero los factores ambientales sí que pueden modificar ayudando a prevenir dichas patologías. ¿Cómo?

En otros post del blog lo hemos explicado en profundidad, desde el primer día de vida podemos ayudar a prevenir la aparición de una maloclusión intentando mantener la lactancia materna hasta el año de vida. Un destete temprano, considerado anterior a los 6 meses, no actúa como factor protector de maloclusiones.

Otra vertiente muy reciente que ayuda en la prevención, pero que todavía faltan estudios a largo plazo, es el baby led weaning.  Es definida como la introducción de alimentos sólidos en la dieta del bebé desde que comienza con la alimentación complementaria a los 6 meses de vida. Esta vertiente, al no utilizar todo de forma triturada, estimula en mayor grado el crecimiento orofacial.

El abandono de hábitos como el chupete o el biberón entre los 12 y los 18 meses, no llegando a los 24 meses, también ayuda a prevenir esta patología. Es muy importante que cuando se retire el chupete no se inicie con la succión del dedo porque este hecho agravaría la aparición de maloclusiones si perdura en el tiempo y con una intensidad determinada.

Por el camino, pueden aparecer multitud de problemas que pueden favorecer la aparición de maloclusiones como pueden ser: pérdida prematura de dientes temporales por traumatismos o caries, respiración oral, bruxismo, erupción atípica de piezas definitivas, anomalías de número, tamaño, etc.

Como podéis observar son muchos los factores que pueden ayudar a desembocar en una maloclusión; por ello, es muy importante que llevemos a nuestr@s hij@s a revisión por el Ortodoncista a partir de los 6 años, si no hay un motivo anterior para que le examine y determine si presenta algún tipo de maloclusión o no y qué podemos hacer para solucionarlo. Por todo ello, os recomendamos tanto a niños como a adultos, acudir a una revisión por parte del Ortodoncista.

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